Sumar minutos y dividir por jornada produce “FTE ahorrados” ilusorios si no se consolidan tareas, roles o turnos. Mejor: estimar capacidad recuperada, volumen adicional atendido, o plazos acortados. Cuando exista reducción de horas contratadas, documenta explícitamente cómo, cuándo y dónde se materializa para sostener el caso financiero.
El tiempo liberado en una etapa puede chocar con otro cuello de botella. Modela flujos, costos variables, tiempos de espera y lotes. Considera licencias, mantenimiento y soporte de la automatización. El valor neto aparece cuando la mejora atraviesa el sistema completo, no solo un eslabón medido aisladamente con optimismo.
Reporta intervalos de confianza, potencia estadística y tamaños de muestra. Comunicar que el ahorro probable está entre dos rangos inspira más confianza que un número único. Documenta supuestos, sensibilidad al volumen y escenarios conservadores. Esta honestidad metodológica evita ajustes posteriores dolorosos y fortalece la reputación del equipo analítico.